Hume como fundamento

Me gusta David Hume (1711 – 1776) como base para empezar a entender la realidad material a la que nos enfrentamos todos los días, y coincido con su posición de que, para cultivar una verdadera metafísica, útil para la sociedad, en equilibrio entre la curiosidad y la aplicación práctica del pensamiento, es necesaria una “auscultación seria dentro de la naturaleza del entendimiento humano, y probar, desde un análisis exacto de sus poderes y capacidades”. Hume (1955). En algún momento de su “Inquiry Concerning Human Understanding” propone una temprana epistemología, hacer uso de “las diferentes operaciones de la mente, separarlas unas de otra, y clasificarlas” y dirigirlas hacia esas mismas “operaciones de la mente”. Este bucle acerca de “pensar sobre pensar” nos podría alinear con el racionalismo de Descartes, por lo que Hume podría considerarse una continuación de ese racionalismo –de hecho (matter of fact), Hume estudia en el mismo lugar donde Descartes (1596 – 1650) lo hizo un siglo antes- contrario a la percepción general de contraponer a uno frente al otro, pero con la diferencia de que la intención de Hume es aterrizar ese conocimiento para su uso práctico, y al igual que como se hace con respecto a cualquier otro aspecto de la naturaleza: “Que los poderes de la mente puedan ser escrutados con el mismo rigor y se puedan entender las leyes y fuerzas que la rigen” Hume (1988).

Lamentablemente, considero que Hume no lo consigue de manera exitosa, al insistir que todos los conocimientos que no son pertenecientes a la geometría, álgebra o aritmética -los matter of fact, o hechos consumados, como podríamos traducirlo de mejor manera al español- “están basados en la relación causa-efecto» Hume (1955) lo cual parece cierto, pero que “que solo son discernibles por la experiencia” y que cualquier concepción a priori “debe de ser enteramente arbitraria”, lo cual me parece una generalización un poco forzada. Para argumentarlo, retomo su ejemplo del mármol pulido, en donde insiste en que un hombre, sin conocimiento alguno de “filosofía natural” (o física en la modernidad), no podría “descubrir que se adhieren de tal forma para separarlas es necesaria una gran fuerza rectilínea, mientras que ofrecen muy poca resistencia a una presión lateral” Hume (1988).

Me pregunto aquí ¿qué es lo que en primera instancia hace que el hombre que se enfrente a esta situación trate de primeramente mover las piezas de mármol, en lugar de abandonarlas y buscar otras? En este caso, la condición a priori que cualquier ser humano habría de echar mano, sería comenzar a mover las piezas de mármol en cualquier sentido, en lugar de abandonarlas. Esa necesidad de movimiento no parece inferida de la experiencia –o habríamos de preguntarnos cual es el límite de percepción del hombre sobre el cual termina el instinto y comienza la experimentación, memoria y aprendizaje que genera la experiencia. Moverse –tener la voluntad para hacerlo, pero eso ya nos llevaría a otra discusión- parece algo inherente a la naturaleza animal, e insistir sobre algo –no abandonar las piezas unidas por simple curiosidad- también parece propio de la naturaleza, en este caso humana, o al menos de los animales con un alto grado de desarrollo cerebral -mamíferos, algunos pájaros, y algunos otros cefalópodos, etc. El argumento de no existencia de condiciones a priori se queda corto ante este escenario, pero ya sería tarea de otro pensador resolver este problema.

Kant como vuelta de tuerca

Efectivamente Kant (1724 – 1804) retoma los trabajos de Hume sobre la conexión de la causa y efecto, reorientando la discusión de Hume donde Kant insiste que “la cuestión era si [el concepto de causa] es pensado a priori por la razón y de este modo posee una verdad intrínseca independiente de toda experiencia”, y si así los conceptos a priori son más bien productos de la misma experiencia o no, sin una conclusión clara por parte de Hume, pero con un sesgo, dado su pragmatismo, hacia que solamente lo verificable por la experiencia tiene existencia práctica y comprobable.

Kant le da la vuelta al argumento, al contestar que esto la no existencia de los conceptos a priori solo es verdadera si se limita su uso en el marco de la experiencia, “pero no de modo tal que se derivasen ellos de la experiencia, sino que la experiencia derive de ellos” (Kant, 2004). En ese escenario continua Kant “todos los principios sintéticos a priori no son nada más que principios de la experiencia posible”. De vuelta al argumento de las placas de mármol, la necesidad de movimiento podría ser más fácilmente explicable como un principio a priori que dicta como la naturaleza se explora a sí misma y busca resolver sus problemas, que llevar al límite el argumento de Hume, que, diría Kant “llevaría sus pretensiones […] mediante el lenguaje popular con el que presenta todo meramente como probabilidad, conjetura razonable o analogía” a lugares insostenibles.

Kant con ello, elegantemente vuelve a unir el mundo de la materialidad y al de las ideas, al que Hume (1988) calificaba en algunas ocasiones de “una metafísica que no es propiamente ciencia, sino que surge de la vanidad humana”, a lo cual Kant (2004) responde que “el entendimiento acepta también la existencia de cosas en sí mismas, […] y, por tanto, podemos decir que la representación de tales seres (principios) […] no solo es admisible, sino también inevitable”.

Conciliación

De haber conocido el mismo Hume este argumento, tendría que haber estado de acuerdo y conceder, pues ya lo escribe en su “Inquiry”: que “el filósofo que pretende representar el sentido común de la humanidad […] si por accidente cae en el error, no avanza más, […] vuelve al camino correcto y se pone a salvo de peligrosas ilusiones” (Hume, 1988) y tal vez no insistiría más en llevar sus argumentos al límite. Con eso coincide con Kant cuando dice que “aún el adepto de un sólido sentido común […] que presenta todo meramente como probabilidad, conjetura razonable o analogía” (Kant, 2004)” -al cual Hume siempre apela- tendría problemas de objetar la existencia de ese mundo de las ideas sin caer en contradicciones.

Tal vez por eso Kant quiere hacerle justicia a Hume al inicio de sus Prolegómenos, pues vio en él la veta desde donde fundamentar de manera práctica la descripción de la realidad, y logró la síntesis (Aufhebung en el sentido no de pulverizar, pero sí de asimilar, integrar y superar) de su pensamiento para acercarnos más a una explicación que suena más natural, aunque no por ello definitiva o menos compleja.

Fuentes

  • Hume, D. (1955). An inquiry concerning human understanding, with a supplement. The Liberal Arts Press, Inc.
  • Hume, D., de Salas Ortueta. (1988) Investigación sobre el conocimiento humano. Alianza Editorial. Madrid.
  • Immanuel Kant, Hatfield, G., Ameriks, K., & Clarke, D. M. (2004). Immanuel Kant : Prolegomena to Any Future Metaphysics. That will be able to come forward as science: With selections from the critique of pure reason. Cambridge University Press.

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