Es de celebrarse que el hombre vuelva al centro de las representaciones artísticas en el Renacimiento, aunque sea en forma deificada, en el caso de las representaciones de Cristo, siendo el primer hombre, el prototipo y protagonista de estas representaciones, o bien a través de los santos y vírgenes y demás, pero al fin, el hombre como motivo principal.
Retomar cánones estéticos milenarios, ya estudiados y probados, como los clásicos, nos da una idea de humildad de las generaciones renacentistas que no tienen más que admitir que siguen siendo válidos. Retomarlos no significó simplemente copiarlos, sino, haciendo uso de ellos, superarlos y entonces si sofisticarlos para poder moldearlos a una realidad moderna y actualizada, lo cual nos lleva al Barroco, donde se tiene la libertad de componer, acentuar, configurar nuevas expresiones, pero con propósitos más libres de parte del artista, que busca representar una realidad a través de la reproducción de la realidad misma.
Darnos la oportunidad de revisarlos y estudiarlos, y volver a identificarnos en esas representaciones, de dialogar con ellas desde la actualidad, y en el caso de la subasta, tratar de asignarles un valor monetario, es un ejercicio ilustrativo, que ayuda a comprender de manera práctica como apreciamos estas expresiones, y a través de su simulada adquisición, les damos nuevas interpretaciones y usos, y nos explica también como pensamos de ellas hoy, y la historia que queremos heredar para el futuro.






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