El arte clásico constituye la piedra fundamental de las expresiones artísticas, primero de Occidente, y después del mundo. Habría que reflexionar, independientemente del eurocentrismo de esta aproximación, el porqué del éxito y preponderancia de estas expresiones a lo largo y ancho del planeta. Indudablemente la reconsideración de este arte por parte de los norteamericanos ha impulsado esta idea, sin embargo, me parece que no solo se trata de una imposición por parte del poder hegemónico, sino también debe de pasar por un convencimiento práctico, que hace más fácil la adopción en culturas tan diferentes. Tal vez también no solo se trate de adoptar un estilo en particular de composición y de expresión, sino tiene que ver más en el fondo humanista de estas manifestaciones: al momento de poner al ser humano como centro y motivo de las ejecuciones artísticas, abre la posibilidad de que toda innovación, toda interpretación, por el simple hecho de ser humanas, tengan cabida, aunque el resultado final pueda o no apegarse a los cánones estéticos establecidos; el hecho de colocar al ser humano como motivo principal, también abre la posibilidad de que sus sentimientos y emociones hallen una identificación con esos mismos de generaciones pasadas, y que esa reflexión -tanto en el sentido introspectivo como el que se refiere a reflejar la imagen de uno mismo en otros elementos- genere una identidad universal, que ninguna otra manifestación o estilo logró materializar de la misma manera. Seguimos siguiendo a los clásicos porque siguen reflejando y haciéndonos reflexionar sobre los mismos problemas que ellos experimentaron hace muchísimos años, y siguen proponiendo respuestas que no han podido ser superadas.






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